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Evolución - by J.C. | ||||||||||
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Los perfumes, en su más elemental concepción, existen desde tiempos prehistóricos, cuando se descubrió que el quemado de algunos tipos de madera y resinas, podía mejorar el sabor de la comida. De hecho, la palabra perfume viene del latín “per-fûmus” (por humo). Alternativamente otros emplearon humo aromatizado para alabar a sus dioses, lo cual aún hoy es práctica común en algunas religiones, en las que se quema incienso. También es conocido que ya en tiempos remotos se empleaba aceites y ungüentos aromatizados, para el complemento de la belleza femenina. Por otra parte al perfume se le atribuía poderes curativos, y se utilizó además en la manufacturación de guantes, para enmascarar olores desagradables provenientes de la materia prima empleada. El mal olor que puede producirse en el cuerpo humano, fue también disimulado mediante el uso de perfumes. |
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Sin embargo, fue necesario esperar hasta el siglo XVIII, cuando apareció una solución alcohólica aromatizada con romero, brotes de naranja, limón y bergamota, y que fue llamada “Eau de Cologne” (Agua de Colonia), para presenciar un importante auge en el universo de la perfumería. Si se atiende a la versión más aceptada, se encuentra uno con que el origen de tan importante fragancia no lo lleva a Colonia (Alemania), sino a Florencia (Italia), al convento de “Santa Maria la Nuova” (Santa María la Nueva), donde desde el siglo XIV una solución conocida bajo el nombre de “Acqua della Regina” (Agua de la Reina), era preparada por las monjas, únicas conocedoras de la fórmula. Más tarde, en 1696, un tal Giovanni Paolo Feminis, “encontró la manera,” que nosotros no vamos a comentar, de obtener la fórmula de manos de la Madre Superiora del convento. La solución, rebautizada para entonces “Acqua Mirabilis” (Agua Admirable), y que era apreciada entonces como curativa, fue comercializada por el señor Feminis y su sobrino Giovanni Maria Farina. Ellos se establecieron en Colonia desde 1709, y ofrecían el perfume para el alivio de tantos y diferentes males como: dolor de muelas, picadas de insectos, piel afectada y otras cosas, incluso para el mal de amores. Se recomendaba tomar algunas gotas disueltas en casi cualquier líquido, como agua, vino, etc. o frotarla sobre el área afectada. Finalmente, en 1727 el perfume obtuvo su patente, en Colonia, con el nombre de “Eau de Cologne.” Después, en 1806, un tal Jean Marie Farina, habiendo heredado la fórmula, se estableció en París, en la “Rue Saint Honoré” (Calle Saint Honoré), y desde allí suplió a las más grandes cortes de Europa. Entre los más celebres usuarios del “Eau de Cologne,” no podemos dejar de nombrar al Emperador Napoleón I. Él la bebía en una preparación hecha con jarabe, claras de huevo y jugo de limón. En los tiempos de la revolución francesa, la afición por los perfumes se mantuvo bien en boga e incluso existió uno con el apelativo “à la guillotine.” El Emperador, además de tomar la solución como se explicó, cada día se hacía frotar todo el cuerpo con el “Eau de Cologne,” asegurando que su fragancia estimulaba su cerebro y lo hacía pensar mejor. Vale la pena mencionar aquí que los aromas pueden ser empleados para estimular diversas actividades y apetitos. Volviendo a Napoleón, para ilustrar el asunto, el olor de su esposa Joséphine era para él un estímulo sexual, como puede inferirse de su correspondencia, en la cual le pedía dejar de bañarse varios días antes de su llegada a encontrarse con ella. No debe causar mucha sorpresa pues, que entre los olores afrodisíacos que han venido siendo estudiados para la creación de nuevas fragancias, se encuentre el sudor humano o animal. Y ya que hablábamos de Joséphine, ella era conocida como gran aficionada a los perfumes y fragancias, tanto que se le llegó a conocer con el mote de “fou pour l’almizclé” (loca por el almizcle), y se dice que su “cabinet de toilette” (tocador) estaba tan impregnado de aromas que, aún mucho después de su desaparición, se les podía percibir. En 1840 la marca “Jean Marie Farina” le fue vendida a un tal Léonce Collas, quien al poco tiempo la cedió a su primo Charles Gallet, asociado con el inventor Armand Roger. La Casa Roger&Gallet fue una importante protagonista del avance y modernización de la perfumería y del nacimiento del arte del cosmético. Existe otra versión sobre el origen del “Eau de Cologne”: la misma relata que alrededor de 1790 la fórmula de la así llamada “Acqua Mirabilis,” fue obsequiada por un fraile a unos recién casados. El esposo, el señor Wilhelm Mülhen, hijo de un prestigioso banquero de Colonia, comercializó el agua admirable, con el nombre “4711,” en honor a la dirección de su tienda: 4711 Glockengasse. La Casa 4711 califica su producto como “la verdadera” Eau de Cologne. De manera paralela, o solapada, y a lo largo de los siglos XVII a XIX, aparecieron otros grandes nombres de la perfumería, no sólo en Francia sino también fuera de ella: Yardley y Creed entre los más famosas en Inglaterra. En Francia: Chiris (1768), Lantier (1795), Sozio (1840), entre otros. Fue en el siglo XIX, con el nacimiento de la Química Orgánica, que la perfumería comenzó a encaminarse en la era industrial. El aislamiento y reconstrucción, mediante síntesis, de moléculas volátiles aromáticas, condujo a la perfumería hacía la creación de fragancias nuevas, no existentes en la naturaleza, produciéndose así la aparición de la “Creación de Perfumes” como una nueva profesión. De esta manera la perfumería estaba entrando también, y simultáneamente, al mundo del arte, habiendo sido el señor Francois Coty el primero en incorporar en sus perfumes, fragancias artificialmente creadas. Desde Entonces, algunas otras disciplinas fueron penetrando también el mundo de la perfumería. Artistas del vidrio como Guinnard (Art Nouveau), Lalique y Baccarat, y diseñadores gráficos como Alfons Mucha, participaron en la manufactura y etiquetado de hermosos frascos de perfume. En el albor del siglo XX otra forma de arte, el de la moda, se aprestó a participar en el mundo de los aromas, Paul Poiret, famoso por haber liberado a la mujer del yugo del corsé, comenzó a asociar fragancias a sus creaciones de moda, para “completarlas.” Después de él vinieron Chanel, Lanvin, Worth, Balmain, Dior, Givenchy... y más recientemente Klein, Saint Laurent, Herrera, Rabane, etc. El mismo mundo del arte fue influido por la magia de los aromas. Siendo quizás la botella esculpida por el gran artista surrealista Salvador Dalí, la muestra más significativa de la inspiración que los perfumes pueden generar.
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